viernes, 5 de agosto de 2011

Cuando nacemos mueren millones de personas en el mundo. El principio, el había una vez y el final, el fín, conviven en un solo mundo, en un solo tiempo, se complementan, se completan. Vivimos porque alguna vez nacimos. Nadie muere sin haber nacido, pero tampoco nadie vive si no nace. A veces la pregunta es la respuesta. Nacemos porque morimos.
Lo que hacemos en la vida, indiferentemente de lo que sea, tienen el mismo destino. Desde que nacemos sabemos nuestro destino, es un feo o lindo destino? . ¿ Que pasa después de que morimos? ¿ Recordaremos nuestras vidas? Si la muerte significaría apagarnos, tendríamos en algún lado un botón de on? eso explicaría lo de levantar o despertar a los muertos. ¿Seguiríamos vivos pero inconcientes? ¿Existe la reencarnación? ¿ Existen el cielo y el infierno? Muchas son las preguntas, pocas las respuestas. La muerte es un misterio, un tema desconocido, con pocas respuestas, o con muchas, que poduce terror en muchos y fanatismo y curiosidad en otros tantos. En la sociedad la uerte representa ese fín.

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